El camino hacia el punto de acupuntura

Para nuestros ancestros, el problema de la salud era una cuestión secundaria. Había que lidiar primero con los rayos que amenazaban desde el cielo, los truenos que llegaban desde la lejanía o el sol y las estrellas, que desaparecían sin causa aparente para regresar más tarde. Con el tiempo, y la llegada de la filosofía esos fenómenos encontraron explicaciones más o menos certeras que redujeron el miedo y crearon estructuras de pensamiento adoptadas por toda la sociedad.

Cada cultura explicó a su modo los fenómenos de la naturaleza y su alternancia. Los chinos lo hicieron usando el concepto de energía. El QI y sus modificaciones, todas inteligibles, pero con dos formas básicas de manifestarse, el YIN y el YANG.

Con el paso del tiempo los filósofos chinos incluyeron a los seres humanos entre los fenómenos naturales y le aplicaron los mismos principios energéticos. A partir de allí, las dos formas básicas de la energía y su equilibrio se utilizaron para explicar la salud y la enfermedad por medio de alteraciones energéticas. Cómo controlarlas era un problema diferente.

Fue aquí donde la casualidad, con el apoyo de la observación, hizo su parte. Las ramas que lastimaban la piel de la mano durante la caza, o en los arrozales y remitían un dolor de garganta, el guerrero herido en el talón que curaba su cefalea dio lugar a intervenciones repetidas que, a partir de los efectos, se convirtieron en aplicación y predicción de los resultados. Con el tiempo y la sistematización de los datos, se determinaron zonas del cuerpo con puntos interconectados por una red de canales o meridianos cuya existencia no se ha determinado aún. Para los puntos, en cambio, son numerosos los estudios que prueban sus características, su localización y sus efectos.

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